Descripción
Alas del fuego en la boca del tiempo
Es quizá el libro más personal y más íntimo de este autor, aquel en el que podemos reconocerle sin esquinas ni máscaras, sin disfraces. En él encontramos al hombre, pero también al místico, al poeta. Porque para Cristian, palabra y obra forman un único binomio, una única realidad indivisible y mágica. Nada queda detrás de los sonidos, nada queda debajo de la sombra, en la infancia del pecio. El poeta busca, camina, se interroga, desnuda los silencios detrás de los silencios, en el borde fugaz de cada vértigo, de cada despedida.
Del prólogo de Ana Garrido Padilla
Cristian Mihail Deac ha abierto un umbral donde la palabra se vuelve puente entre lo visible y lo eterno, donde deja de ser simple lenguaje para convertirse en materia viva, respiración encendida entre la tierra y el cielo. Aquí, el tiempo no avanza: respira. Se contrae, se expande, se detiene, se interroga. Y en ese vaivén, el poeta nos recuerda que la existencia es un misterio que solo puede tocarse con los dedos del alma.
Del epílogo de Isabel de la Cruz Abalo









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