Emilio Piñero Guilamany

Barcelona, 1951

Cursó estudios en el colegio de San Miguel y de allí a la facultad de Empresariales por las mañanas, a la Escuela de Radiodifusión por las tardes y al hockey sobre patines, su deporte pasión, noches y fines de semana.

El mundo de la madera, los productos de parafarmacia, una efímera editorial y el alegre universo de los grandes vinos y acompañantes fueron testigos de su fluctuosa vida de olvidado y humilde empresario.

En casi todo, se desbordaba su enorme capacidad, conocida desde nen, de perderse en cuentos, historias y relatos, en donde su ágil mente convertía lo más nimio en fantástico, debiendo postergarse su despegue en esto de las letras hasta que la jubilación nos hizo el favor de devolvérnoslo cargado de experiencias.

Así, a los 65 años y un día, tomada ya la posesión del nuevo estado, se lanza, no sin dudas, hacia el cielo de los soñadores, dando abierta salida a su creatividad. Sus historias no son simples relatos ocurrentes, transmiten mensajes de vida con luz propia que aportan paz y esperanza.

La fe en Dios es su mayor patrimonio y la unidad de su familia, en el amor, su regalo. Su esposa, sus tres hijos y nueve nietos, fieles testigos de su tesón, bien merecen este buen legado.

¡Doble contra sencillo que lo consigue, si sus estimados y juiciosos lectores le dan oportunidad!

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